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lunes, 5 de julio de 2010

Acá estoy

Estoy frente a la PC, como todos los días. Estoy al pedo sabiendo que no debería estarlo. Siento culpa por no hacer nada por mi futuro económico y me siento peor cuando veo que el tiempo no lo pierdo sólo con manga y anime sino con facebook también. Ahora estoy escuchando Oasis, el último disco, es el primero que escucho de ellos. Siempre creí que era una banda gay, pero se la bancan, me está gustando y seguramente voy a copiar un CD para el auto. Espero que lo reproduzca. Recién termina un tema y se me fue la inspiración, no es que lo anterior este bueno. Empieza otro tema, es más tranqui, por ahora, me gusta. Me acuerdo del Príncipe de Persia, me comí las dos verciones que salieron para GameCube, es buenísimo y ayer fui a ver la Live Action. La vestimenta y la ambientación son geniales, no puedo criticar el guión porque no termine Las Arenas del Tiempo. Pero esta bien. Me gustó bastante aunque me reí un par de veces cuando ponía música épica cada vez que hace alguna acrobacia muy loca. Sigue Oasis y me entretengo viendo cómo descarga el último episodio de FMAB para hacer el último DVD. Ya se me pasó la culpa, me dura poco. Estoy sentado haciendo algo sin demasiada importancia en la computadora esperando a que pase algo. Pero hoy tengo planes, en un rato la llevo a mi hermana al centro y a la vuelta averiguo el precio de las yantas de Paty. Después lo ayudo a mi hermano con Billy Eliot. Le pidieron que lo lea para inglés, son 25 páginas. O sea que si resumo, estuve toda la mañana sin hacer nada, al mediodía leí los clasificados en busca de empleo para autonvencerme de que estoy haciendo algo productivo y a la tarde (antes de karate) ayudo a mis allegados.
Esto no suena del todo bien, no? Pero a mi me gusta mi vida, quiero un trabajo pero le temo al compromiso. Por qué soy feliz? Tengo amigos que me quieren y artes marciales que explotan mis pasiones al máximo. Ya sé que necesito una novia, me lo dicen seguido. No sé que será de mi cuando tenga trabajo y novia. De todas formas, sé que siempre voy a ser feliz porque nunca voy a sacrificar a ninguno de mis tres pilares, Amigos (al menos una dos veces por semana), Familia y Artes Marciales.
Watashiwa am very happy de estar aquí.

lunes, 31 de agosto de 2009

Mi amigo yo



Él estaba ahí, y al igual que ahora, en ese momento no sabía quien era. Lo comento así porque suele suceder que a veces conozco a alguien y después ya no. Debo ser el único al que le pasan estas cosas. Pero bueno, lo importante es que él estaba ahí y no estoy seguro por qué, pero es un dato importante. Su presencia en ese momento fue, es o será decisivo en mi vida. Sea lo que sea seguro que ya me lo contaré. Ah si, esa es otra de las cosas raras que me pasan. De vez en cuando, especialmente cuando pasa algo que me deja patas para arriba, aparezco frente a mí, y no en un espejo sino físicamente frente a mí, como un doble exacto de mi persona y me explico lo que acaba de pasar. Esa explicación solía ser un dolor de cabeza, ya que no sólo debía aceptar el hecho de que me lo estaba contando yo mismo, sino que el relato resultaba aún más fantástico que la realidad inmediata que estaba viviendo. Sin embargo, lo que salía de mis labios era la única explicación a la que me podía aferrar. Luego, esas situaciones dejaron de ser tan shockeantes porque con los años me fui haciendo amigo mío. Descubrí que soy un buen tipo, o eso creo yo y también él, que es yo al igual que su servidor. Esto puede sonar redundante, pero aunque este admitiendo que acepto la existencia de mi doble, aun no se lo he contado a nadie ya que no creo que lo crean, por qué? porque yo mismo no me lo creo, por eso repito tantas veces eso de que somos uno y dos pero en uno y todo ese tipo de cosas que marearían hasta a los peces. Pero bueno, lo que yo iba diciendo es que gracias a que dejé de sorprenderme de mi presencia comencé a escucharme más atentamente cada vez. Y me di cuenta que pienso como yo (bastante lógico, no?). Y comencé a charlar con migo y a discutir los puntos que me parecían flojos de mi teoría.

El problema era que, aunque el yo que contaba estaba de acuerdo con migo de tanto en tanto, él sabía la verdad tal cual era y terminaba nuestro encuentros diciendo que no tenía sentido pero que así era. Cada vez que desaparecía (después supe que lo hacía desvaneciéndome, antes me escondía detrás de alguna pared y ya no me volvía a ver) me pregunto si realmente pasó o todo fue producto alguna alucinación. Siempre digo que no pudieron haber sido alucinaciones porque siempre aparecía la misma persona en diferentes lugares y parecía que me conocía y me recordaba de alucinaciones anteriores, así que la respuesta tiene que ser una de dos: o era esquizofrénico o algo sobrenatural y muy loco me estaba pasando. Sea cual haya sido, estoy orgulloso de ello. Preguntarán a que se debe mi orgullo. Pues verán. Si fui esquizofrénico, significa que mi cerebro funciono con más potencia que la de cualquier gil que anda dando vueltas por ahí. Tuve dentro de mi a dos personas con historia y conocimientos distintos que compartían gustos modos de pensar y que podían comunicarse entre si. Nunca podría estar solo porque siempre estaría con migo. Por otro lado, si estuve realmente envuelto en algo sobrenatural habría sido como estar dentro de la piel de alguno de mis personajes favoritos de ciencia ficción. Podría ser que el yo que aparecía haya sido uno del futuro que ya lo sabe todo y me contaba (se contaba) lo que pasó para tranquilizarme y que su vida siga su curso normal. Podría haber sido un ser metamorfo de otra dimensión que se dedicaba a burlarse de mí sólo porque estaba aburrido. Podría haber sido un ánima que entraba en mi cabeza, buscaba una respuesta adecuada y salía tomando mi figura para contentarme y así evitar que descubra la verdad escondida tras lo “raro o extraño” que acababa de ver.

Pero todas estas cosas que pasaron y que pensé, fueron hace ya mucho tiempo. La última vez que me vi decidí seguirme. Cuando estaba desvaneciéndome, me tomé del brazo y me desvanecí con migo. Luego, yo y yo aparecimos en un lugar que nunca habría siquiera imaginado. Era una especie de escalera invisible pero a la vez visible, como si fuera un vidrio limpio dentro del agua cristalina pero sin el agua. Los escalones eran rígidos por dentro pero la superficie era gomosa y gelatinosa, como una Royal de frutilla vencida, aunque no se me quedaban pedazos de escalón en los pies cunado subía. De algún modo, este otro yo no se dio cuenta de mi presencia y comenzó a subir la escalera. Yo quise seguirme, pero cada escalón que subía me llevaba cada vez más abajo, no podía comprender lo que pasaba, pero tampoco me entra en la cabeza el pasito de Michael. Entonces comencé a correr, saltando de a dos incluso tres escalones a la vez, pero, como era de esperarse, bajé más rápido. Llegó un punto en el que me detuve y pensé “Si cuando subo bajo, cuando baje subiré”, entonces dí media vuelta, bajé mi pie hasta el escalón de abajo y al instante en que lo pisé toda la escalera se convirtió en polvillo y comencé a acender. Me elevé tan rápido como habría caído de haberlo hecho. Mientras subía me vi saludándome desde una plataforma esférica. En cuanto dejé de saludarme serré los ojos sin darme cuenta y sentí un fuerte dolor en la nuca. Quise darme vuelta y descubrí que había chocado contra la parte de abajo de mi cama.
Desde ese momento jamás me volví a ver, pero las cosas extrañas que me hacían aparecer siguen pasando, solo que ahora las entiendo sin mi ayuda, lo cual es bueno, ya no necesito a otro, pero es malo, perdí a un amigo.


Nahuel Lombardi

31/08/09

jueves, 13 de agosto de 2009

A Orillas de la Triple Frontera

A medida que me aproximaba a la orilla más me alejaba del incesante murmullo del grupo turístico en el que me encontraba. Tomé un camino fuera de programa que suponía no me tomaría más de ocho minutos recorrer de ida y vuelta. Estaba, en parte, acertado, pero no conté con lo que hallaría allí abajo. La quietud, la tranquilidad. El río sereno y manso como el cielo despejado y hermoso como el planear de los pájaros. No corría una gota de viento ni la más mínima corriente de agua que perturbara la serenidad del río. Aún sabiendo que el micro estaba próximo a partir de regreso a Brasil, no podía moverme de ese lugar. La belleza que alcanzaba a ver y sentir desde esa pequeña playa casi secreta me había paralizado. No me permitía dejar de admirar el infinito esplendor que la naturaleza dejó allí para nuestro deleite.

El grito de mi nombre me arrancó del mundo abstracto en el que me había sumergido y me recordó que los once minutos que Juan – el guía – nos había permitido hacía rato habían acabado. En el apuro por subir me agité más de la cuenta. Tome un brevísimo descanso que me permitió despedirme de la costa secreta. Continué la escalada y la complete en tiempo récord. Al llegar no me alcanzaba el aliento para contarle a mi padre – quien grito mi nombre – lo que acababa de vivir. Ahora en un momento de espera y aún lamentándome por no haber llevado una cámara conmigo me dispongo a concluir este corto relato acerca de una bella experiencia.

Nahuel lombardi
Junio 2008

sábado, 8 de agosto de 2009

Cuidado con lo que deseas

Yo estoy en este lugar. Aquí y ahora. Hay seres que me reconocen, me aprecian, me desprecian. Es normal, estoy a gusto; pero no me gusta aquí. A veces también estoy en otro lugar. En ese lugar no me conocen, no me ven, no se percatan de mi presencia. Yo quiero pertenecer allí. ¿Por qué? No lo sé. Donde pertenezco, donde soy uno más, soy como todos. Somos gelatinosos a veces, otras veces líquidos, más o menos espesos. Nuestros colores varían. En el otro lugar también varía el color de los que abundan, pero son diferentes, son raros. Tienen cuerpos sólidos, articulados, hay más grandes, hay más pequeños. Nosotros somos todos iguales, sin forma y sin altura o anchura. No hay seres como ellos donde yo vivo. Pero sí hay seres como nosotros donde ellos viven. No sé por qué puedo verlos, quisiera saberlo, quisiera conocerlos mejor, desearía pasear por su mundo y ser visto, oído, tomado en cuenta. ¡Quiero existir entre ellos!
Al fin lo conseguí. No se como lo hice pero lo hice. Ayer me dormí y al despertar aquí estoy. Frente a ellos, los seres extraños con extremidades definidas. Me observan, me señalan a mí y luego al de al lado, ahora discuten. Me sorprende que el de al lado sea mi amigo Gos. Él es de un color más bien anaranjado, yo soy morado. Trato de comprender sus palabras pero no lo consigo. Uno de ellos dice “Llevemos la mermelada de membrillo”. Ya me pusieron en su bolsa y se están yendo tranquilos. ¿Qué es mermelada de membrillo?

Nahuel Lombardi
30/04/2009

viernes, 7 de agosto de 2009

¿Quién es el loco?

¿Te van a matar? ¡Qué bueno! Después contame como fue. Sabés que yo siempre le pido a la gente que me cuente como fue asesinada y me tratan de loco. Yo no entiendo. ¿Por qué no me quieren decir? ¿Será un secreto de muertos? Pero ellos están vivos cuando yo se los pregunto, ¿Cómo saben que es un secreto? Yo no tendría problema en contar mi muerte, pero nadie me lo pidió. Bueno, en realidad si hubo alguien. Se paró frente a mí mientras me lavaba los dientes en el baño, pero no le di bola. Ese sí que estaba bien chiflado.

Nahuel Lombardi
30/04/2009

jueves, 6 de agosto de 2009

Susi Harris

Marie left her house when she was little; so little that she needn’t pay for taking a bus. And as she left with some fancy clothes she liked a lot, people wouldn’t believe her when she asked for money. They would say “You don’t need money Miss, I can tell from your outfit, go back with your parents”. She had been taught not to reply unless there were a question, and when the question came she knew exactly what to say. From all the people she asked for money one shoed a real interest. A sweet old lady with a gentle, though elegant white hair asked her back “Where is your parents sweetheart?” At that moment Marie was about to say what she had to say (that was the truth), however, she had been so well taught that she couldn’t reveal her secret to a stranger, so instead she said “I don’t know where they might be”. The old lady introduced herself and, of course, she expected the same from Marie “It is very nice to meet you Miss Lourdes, I am Susi Harris.” Susi Harris was the main character of the only book she ever had. Somehow Joan, as Miss Lourdes preferred to be called, reminded Marie of Susi’s grandma. “Is that your real name baby girl? So far I couldn’t find an eye that could lie to old Joan.” Marie had then no choice but to tell the truth. She said all she could before the tears arrived and wet her tiny tidy face. Old Joan, wise as she were, understood the situation and asked little Marie to go home with her. Hidden behind the weeping there was a yes and so, Miss Lourdes walked Marie to her house holding hands.

The weeks passed and Marie wouldn’t tell the reason why she left. So Joan tried telling something about her past. Joan had lived alone in the big house for quiet a long time. In the beginning it was home. They all lived together. She and her husband had formed a beautiful family with two gorgeous sons. They had moved in when the big one entered high school. Joan was as happy as anyone could get. She had a beautiful house in a lovely neighbourhood and the most wonderful family to share it with. She was living the time of the life. But time passes by for all of us. Eventually, her sons grew up and they grew old. Her two little pieces of heaven were then adults and left the country to study abroad. Then, from time to time, she received a letter from them where she could hear how they were doing. But one day they just stop arriving. From her sons departure until her husband’s death she tried to overcome the absence, but she never could. She would spend entire evenings crying in silence; saying nothing but “I’m fine dear, I’m fine. Just give a moment would you?” When the moment came she looked at him in the eyes and realized she had been absent for the last twenty years and that from then on she’d be all alone.

“Susi Harris always speaks with her heart. And that way she always ends up happily ever after.” Marie said after hearing the old lady’s story. Joan knew the girl was right. She should’ve told her family how she felt when it was still time. Now her two sons have made a whole new life in some country in Europe and she cannot talk to her husband anymore. She realized once again how mistaken she had been. “You’re right dear; truth is always the best way”. At that moment there were two people feeling sorry for past errors. One of them had lived several years lying to herself and to her beloved; and the other was just about to do the same. Then, they saw each other and made a pact. Each of them had to fight for a better life with the truth as weapon. And so was haw it happened. Joan sent her sons a couple of letters to try and get in touch with them, old Joan was not a friend of technology. As soon as that was done she took little Marie to her parents’. And both of them said what had to be said.

One might think this ends with little Marie happy with her parents and old Joan happy with her sons. But the truth is that Susi Harris’ way is, though always the best path, a confusing one. Joan’s sons never replied her letters so she decided to call them, but the answer was the same; her sons had forgotten about her. As far as Marie’s family, it never really existed. She was adopted when she was just a baby. The family who picket her thought of her just as another mouth to feed. She never received the love she needed. What happened next is easy to imagine. Miss Joan Lourdes took the custody of Marie and gave her the family last name. From then on the young and the old lady lived together a very happy life in beautiful house that reminded them how much love you can get and which mistakes you should not make.

Now, everybody has a Susi Harris and everybody has heard her at least once; but was courageous enough to heed her?

Nahuel Lombardi
06/08/09

martes, 4 de agosto de 2009

Ronin

El observador de aromas. Así es como me llaman. Eso es porque desde que perdí el olfato y el oído, la vista es lo único que me mantiene alerta durante el combate. Estoy seguro de que en el mundo hay mucha gente como yo, pero sus técnicas no son tan buenas como la mía. Me he convertido en leyenda en estos últimos años.
Aún recuerdo como comenzó todo. Fui enviado a una misión de rescate a una selva espesa como polenta. Allí conocí a un nativo; cuando digo que lo conocí me refiero a que logró evitar mi espada. Pero no lo hizo con habilidad o destreza marcial; sólo dijo una frase, una que aún me ronda en la cabeza “¿Que pasaría si la felicidad muriera?”. No lo maté porque sentía la necesidad de comprender el significado de lo que me dijo. Vagamos por la selva durante días; él tratando de explicarme y sobrevivir y yo tratando de comprender y contenerme. Una vez habiendo desistido de entender abandoné la contención. Al no tener guía comí cosas que no debía comer, error que me costó el olfato; y enfrente bestias que no debía enfrentar, error que me costó el oído.
Cuando volví con mi amo él me esperaba con ansias de buenas noticias. Pero al ver que llegaba herido, enfermo y sin rescate me echó del palacio. Estuve vagando por mucho tiempo hasta que finalmente caí derrotado por mi malestar. Fui cobijado por un ser, cuyo sexo aún no me atrevo a indagar, que se hace llamar Demonia Particularis. Al despertar me atrajo la atención algo de su apariencia. No sé si fue porque vestía una túnica de varios colores, o la presencia de ese accesorio con forma de mariposa color plata que llevaba en su cuello. El engendro me curó de mis heridas pero no pudo recuperar mis sentidos. En lugar de eso me entrenó para, sólo con la vista, ser el mejor luchador. Entrené durante años hasta que Particularis sensei me dijo que debía emprender un viaje místico para alcanzar el máximo nivel.
Ahora, cinco años después de terminar el entrenamiento, sigo buscando mi cuarto sentido. El maestro dijo que cuando lo consiga, los psicodélicos colores del hámster se manifestarían frente a mí y eso sería prueba de que me habría convertido en el más poderoso.
Este viaje me ha dado muchas satisfacciones. Disfruté, como un niño un juguete, al mutilar alegremente los cuerpos de mis oponentes. Fue muy divertido ver la expresión de sorpresa de los testigos al oír que mi víctima olía a azul verdoso, o naranja rojizo o violeta rosáceo. En este momento estoy viendo los psicodélicos colores del hámster y se me presenta la posibilidad de rechazar el poder. Sé que si lo tomo alcanzaré la iluminación divina, y existiré como un ser superior y perfecto por toda la eternidad; pero a su vez perderé la felicidad que me provoco la búsqueda. Creo que ahora comprendo las palabras de aquel nativo.

Nahuel Lombardi
09/05/09